Síntomas
En la mayoría de los casos, el reflujo en los bebés no es motivo de preocupación. No es habitual que el contenido del estómago contenga suficiente ácido como para irritar la garganta o el esófago y provocar síntomas.
Cuándo acudir al médico
Acude a un profesional sanitario si el bebé:
- No está engordando.
- Vomita con fuerza de forma constante, lo que hace que el contenido del estómago salga disparado por la boca. A esto se le denomina «vómito en chorro».
- Escupe un líquido verde o amarillo.
- Escupe sangre o contenido estomacal que parece posos de café.
- Se niega a comer o a que le den de comer.
- Tiene sangre en las heces.
- Tiene dificultad para respirar o una tos que no se le quita.
- Empieza a regurgitar a partir de los 6 meses de edad.
- Se pone muy irritable después de comer.
- No tiene mucha energía.
Algunos de estos síntomas pueden indicar afecciones graves, pero tratables. Entre ellas se encuentran la ERGE o una obstrucción en el tracto digestivo.
Causas
En los bebés, el anillo muscular situado entre el esófago y el estómago aún no está completamente desarrollado. Este músculo se denomina esfínter esofágico inferior, también conocido como EEI. Cuando el EEI no está completamente desarrollado, permite que el contenido del estómago refluya hacia el esófago. Con el tiempo, el EEI suele madurar. Se abre cuando el bebé traga y permanece bien cerrado el resto del tiempo, manteniendo el contenido del estómago en su sitio.
Hay algunos factores que contribuyen al reflujo infantil y que son habituales en los bebés y, a menudo, no se pueden evitar. Entre ellos se encuentran el hecho de estar tumbados la mayor parte del tiempo y seguir una dieta casi exclusivamente líquida.
En ocasiones, el reflujo en los bebés puede deberse a afecciones más graves, como:
- ERGE. El reflujo contiene suficiente ácido como para irritar y dañar el revestimiento del esófago.
- Estenosis pilórica. Una válvula muscular permite que los alimentos salgan del estómago y pasen al intestino delgado como parte del proceso digestivo. En la estenosis pilórica, la válvula se engrosa y se agranda más de lo normal. La válvula engrosada retiene entonces los alimentos en el estómago e impide que pasen al intestino delgado.
- Intolerancia alimentaria. Una proteína presente en la leche de vaca es el desencadenante más habitual.
- Esofagitis eosinofílica. Se produce una acumulación de un tipo concreto de glóbulos blancos que daña el revestimiento del esófago. Este glóbulo blanco se denomina eosinófilo.
- Síndrome de Sandifer. Provoca una inclinación y una rotación de la cabeza inusuales, así como movimientos que parecen convulsiones. Se trata de una complicación poco frecuente de la ERGE.
Factores de riesgo
El reflujo infantil es frecuente. Sin embargo, hay algunos factores que aumentan la probabilidad de que un bebé lo padezca. Entre ellos se incluyen:
- Parto prematuro.
- Enfermedades pulmonares, como la fibrosis quística.
- Enfermedades que afectan al sistema nervioso, como la parálisis cerebral.
- Intervención quirúrgica previa en el esófago.
Complicaciones
El reflujo en los bebés suele mejorar por sí solo. Rara vez causa problemas a los bebés.
Si tu bebé padece una afección más grave, como la ERGE, su crecimiento podría ser inferior al de otros niños. Algunas investigaciones sugieren que los bebés que tienen episodios frecuentes de regurgitación podrían ser más propensos a desarrollar ERGE más adelante en la infancia.
Diagnóstico
Para diagnosticar el reflujo infantil, el profesional sanitario suele comenzar con una exploración física y hace preguntas sobre los síntomas del bebé. Si el bebé crece según lo esperado y parece estar bien, por lo general no es necesario realizar pruebas. Sin embargo, en algunos casos, el profesional sanitario podría recomendar:
- Ecografía. Esta prueba de diagnóstico por imagen permite detectar la estenosis pilórica.
- Pruebas de laboratorio. Los análisis de sangre y de orina pueden ayudar a identificar o descartar posibles causas del escaso aumento de peso y los vómitos frecuentes.
- Monitorización del pH esofágico. Para medir la acidez en el esófago del bebé, el profesional sanitario introduce un tubo fino a través de la nariz o la boca del bebé hasta llegar al esófago. El tubo se conecta a un dispositivo que mide la acidez. Es posible que el bebé tenga que permanecer ingresado en el hospital mientras se lleva a cabo la monitorización.
- Radiografías. Estas imágenes permiten detectar problemas en el tracto digestivo, como una obstrucción. Es posible que al bebé se le administre un líquido de contraste con un biberón antes de la prueba. Este líquido suele ser bario.
- Endoscopia superior. La endoscopia superior consiste en el uso de una pequeña cámara situada en el extremo de un tubo flexible, denominado endoscopio, para examinar visualmente el tracto digestivo superior. Es posible que se tomen muestras de tejido para su análisis. En el caso de los bebés y los niños, la endoscopia suele realizarse bajo anestesia general. La anestesia general provoca un estado similar al sueño antes de una intervención quirúrgica u otros procedimientos médicos.
Tratamiento
En la mayoría de los bebés, introducir algunos cambios en la alimentación alivia el reflujo infantil hasta que remite por sí solo.
Medicamentos
Por lo general, los medicamentos contra el reflujo no se utilizan en niños para tratar el reflujo sin complicaciones. Sin embargo, un profesional sanitario puede recomendar un inhibidor de la secreción de ácido durante varias semanas o meses. Entre los inhibidores de la secreción de ácido se encuentran la cimetidina (Tagamet HB), la famotidina (Pepcid AC) y el omeprazol magnésico (Prilosec). El profesional sanitario de su hijo puede recomendar un inhibidor de la secreción de ácido si su bebé:
- No engorda lo suficiente y los cambios en la alimentación no han dado resultado.
- Se niega a comer.
- Tiene el esófago inflamado e irritado.
- Padece asma crónica.
Cirugía
En contadas ocasiones, un bebé puede necesitar una intervención quirúrgica. Esto solo se hace si el bebé no aumenta de peso lo suficiente o tiene dificultades para respirar debido al reflujo. Durante la intervención, se tensa el esfínter esofágico inferior (EEI) situado entre el esófago y el estómago. Esto evita que el ácido vuelva al esófago.
Estilo de vida y remedios caseros
Para minimizar el reflujo:
- Alimenta a tu bebé en posición vertical. A continuación, mantén al bebé sentado durante 30 minutos después de la toma. La gravedad puede ayudar a que el contenido del estómago se mantenga en su sitio. Ten cuidado de no sacudir ni agitar al bebé mientras se asienta la comida.
- Prueba a darle de comer en cantidades más pequeñas y con mayor frecuencia. Si le das el biberón, dale un poco menos de lo habitual, o reduce ligeramente la duración de la toma.
- Tómate tu tiempo para hacer eructar a tu bebé. Hacerle eructar con frecuencia durante y después de la toma evita que se acumule aire en su estómago.
- Acuesta al bebé boca arriba. La mayoría de los bebés deben dormir boca arriba, incluso si tienen reflujo.
Ten en cuenta que el reflujo en los bebés no suele ser motivo de preocupación. Solo tienes que tener a mano un montón de paños para eructar mientras esperas a que el reflujo de tu bebé desaparezca.
Cómo prepararse para una cita
Puede empezar por acudir al equipo de atención primaria de su bebé. O bien, es posible que le deriven a un especialista en enfermedades digestivas infantiles, lo que se conoce como gastroenterólogo pediátrico.
Qué puedes hacer
Cuando conciertes la cita, pregunta si hay algo que debas hacer con antelación. Haz una lista de:
- Los síntomas de tu bebé, incluidos aquellos que no parezcan estar relacionados con el motivo de la consulta.
- Información personal relevante, como situaciones de estrés importantes, cambios recientes en la vida y antecedentes médicos familiares.
- Todos los medicamentos, vitaminas u otros suplementos que tome su bebé, incluyendo las dosis.
- Preguntas que puedes hacer al equipo médico de tu bebé.
- Los cuidadores y cómo alimentan a tu bebé.
Si es posible, ve acompañado de un familiar o un amigo para que te ayude a recordar la información que te den.
En el caso del reflujo en los bebés, algunas preguntas básicas que se pueden plantear son:
- ¿Qué puede estar causando los síntomas de mi bebé?
- Aparte de la causa más probable, ¿qué otras causas podrían explicar los síntomas de mi bebé?
- ¿Qué pruebas necesita mi bebé?
- ¿Es probable que la afección de mi bebé sea temporal o crónica?
- ¿Cuál es la mejor forma de actuar?
- ¿Qué alternativas hay al enfoque principal que propones?
- Mi bebé tiene otras afecciones de salud. ¿Cuál es la mejor manera de tratarlas todas a la vez?
- ¿Hay alguna restricción que deba tener en cuenta con respecto a mi bebé?
- ¿Debería llevar a mi bebé al especialista?
- ¿Hay folletos u otro material impreso que pueda llevarme? ¿Qué páginas web me recomendáis?
No dudes en hacer más preguntas.
Qué puedes esperar de tu médico
Probablemente te hagan algunas preguntas, como por ejemplo:
- ¿Cuándo empezaron los síntomas de tu bebé?
- ¿Los síntomas de tu bebé han sido constantes o esporádicos?
- ¿Cómo de graves son los síntomas de tu bebé?
- ¿Qué es lo que parece mejorar el estado de tu bebé, si es que hay algo?
- ¿Qué es lo que, en su caso, parece empeorar el estado de tu bebé?
Qué puedes hacer mientras tanto
Evita hacer cualquier cosa que parezca agravar los síntomas de tu bebé.
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