Síntomas

La cirrosis suele no presentar síntomas hasta que el daño hepático es grave. Cuando aparecen síntomas, estos pueden incluir:

  • Cansancio extremo.
  • Sangrado o aparición de hematomas con facilidad.
  • Pérdida de apetito.
  • Náuseas.
  • Hinchazón en las piernas, los pies o los tobillos, lo que se conoce como edema.
  • Pérdida de peso.
  • Picazón en la piel.
  • Amarilleamiento de la piel y los ojos, conocido como ictericia.
  • Acumulación de líquido en el abdomen, denominada ascitis.
  • Vasos sanguíneos con forma de araña en la piel, denominados angiomas en forma de araña.
  • Enrojecimiento en las palmas de las manos.
  • Uñas pálidas, sobre todo las del pulgar y el índice.
  • Dedos hipocráticos, una afección en la que las yemas de los dedos se ensanchan y adquieren una forma más redondeada de lo habitual.
  • Confusión, somnolencia o dificultad para hablar.

Los problemas sexuales pueden afectar tanto a hombres como a mujeres con cirrosis. En los hombres, son frecuentes la disfunción eréctil, la pérdida del deseo sexual y la reducción del tamaño de los testículos. También puede producirse un tipo de aumento de pecho denominado ginecomastia.

En las mujeres, pueden aparecer una disminución del deseo sexual, relaciones sexuales dolorosas, incapacidad para alcanzar el orgasmo y ausencia de ovulación. Las mujeres también pueden dejar de tener la menstruación, incluso si aún no han llegado a la menopausia.

Cuándo acudir al médico

Pide cita con un profesional sanitario si presentas alguno de los síntomas mencionados anteriormente.

Causas

Hay una gran variedad de enfermedades y trastornos que pueden dañar el hígado y provocar cirrosis.

Entre las causas se encuentran:

  • Trastorno por consumo crónico de alcohol.
  • Hepatitis viral (hepatitis B y hepatitis C).
  • Enfermedad hepática esteatótica asociada a la disfunción metabólica —antes conocida como enfermedad del hígado graso no alcohólico o cirrosis por EHGA—: una afección en la que se acumula grasa en el hígado.
  • La hemocromatosis, una enfermedad que provoca la acumulación de hierro en el organismo.
  • La hepatitis autoinmune, que es una enfermedad hepática provocada por el propio sistema inmunitario del organismo.
  • Destrucción de los conductos biliares provocada por la colangitis biliar primaria.
  • Endurecimiento y cicatrización de los conductos biliares provocados por la colangitis esclerosante primaria.
  • La enfermedad de Wilson: una afección en la que se produce una acumulación de cobre en el hígado.
  • La fibrosis quística, una enfermedad que afecta a los pulmones, al sistema digestivo y a otros órganos.
  • La deficiencia de alfa-1-antitripsina, una enfermedad que afecta a los pulmones, el hígado, la piel y los vasos sanguíneos.
  • Conductos biliares malformados: una afección conocida como atresia biliar.
  • Enfermedades del metabolismo de los azúcares, como la galactosemia o la enfermedad por acumulación de glucógeno.
  • El síndrome de Alagille, que es un trastorno genético del sistema digestivo.
  • Infecciones, como la sífilis o la brucelosis.
  • Medicamentos, como el metotrexato o la isoniazida.

Factores de riesgo

  • El consumo de alcohol. El consumo de alcohol es un factor de riesgo de cirrosis.
  • El sobrepeso. La obesidad aumenta el riesgo de padecer afecciones que pueden derivar en cirrosis. Entre estas afecciones se incluyen la enfermedad hepática esteatótica asociada a la disfunción metabólica —antes denominada enfermedad del hígado graso no alcohólico— y la esteatohepatitis asociada a la disfunción metabólica —antes denominada esteatohepatitis no alcohólica—.
  • Padecer hepatitis viral. No todas las personas con hepatitis crónica desarrollarán cirrosis, pero es una de las principales causas de enfermedad hepática en el mundo.

Complicaciones

Las complicaciones de la cirrosis suelen indicar que la enfermedad hepática ha avanzado. Cuando aparecen complicaciones, aumentan el riesgo de padecer una enfermedad grave y pueden indicar un mayor riesgo de muerte en comparación con las fases iniciales de la cirrosis.

  • Presión arterial elevada en las venas que irrigan el hígado. La cirrosis puede aumentar la presión en las venas que transportan la sangre a través del hígado, una afección denominada hipertensión portal. Este aumento de la presión puede provocar complicaciones graves, como ascitis y hemorragias.
  • Hinchazón en las piernas y el abdomen. El aumento de la presión en la vena porta puede provocar una acumulación de líquido en las piernas, lo que se conoce como edema, y en el abdomen, lo que se conoce como ascitis. El edema y la ascitis también pueden producirse si el hígado no es capaz de producir cantidades suficientes de ciertas proteínas sanguíneas, como la albúmina. Una vez que se desarrolla la ascitis, aumenta el riesgo de sufrir más complicaciones.
  • Aumento de volumen del bazo. La hipertensión portal puede hacer que el bazo retenga glóbulos blancos y plaquetas. Esto provoca que el bazo se hinche. Esta afección se conoce como esplenomegalia. Una disminución de los glóbulos blancos y las plaquetas en la sangre puede ser el primer síntoma de cirrosis.
  • Hemorragias. La hipertensión portal puede provocar que la sangre se desvíe hacia venas más pequeñas. Al verse sometidas a una presión adicional, estas venas más pequeñas pueden romperse y provocar hemorragias graves. La hipertensión portal también puede provocar el agrandamiento de las venas, lo que se conoce como varices, en el esófago o el estómago. El agrandamiento de las venas del esófago aumenta el riesgo de hemorragias graves, que pueden poner en peligro la vida. Si el hígado no puede producir suficientes factores de coagulación, esto también puede contribuir a que la hemorragia continúe.
  • Rotura de capilares. Los capilares que se encuentran debajo de la piel pueden romperse, formando patrones que parecen arañas. Estos capilares se denominan angiomas en forma de araña.
  • Infecciones. La cirrosis dificulta que el organismo combata las infecciones. La ascitis también puede provocar peritonitis bacteriana, una infección del líquido abdominal. Se trata de una infección grave que puede provocar insuficiencia renal y problemas en otros órganos.
  • Desnutrición. La cirrosis puede dificultar que el organismo asimile los nutrientes, lo que provoca debilidad y pérdida de peso.
  • Acumulación de toxinas en el cerebro. Un hígado dañado por la cirrosis no puede eliminar las toxinas de la sangre tan eficazmente como lo hace un hígado sano. Estas toxinas pueden acumularse en el cerebro y provocar confusión mental y dificultad para concentrarse. Esto se conoce como encefalopatía hepática. Se trata de un síntoma de cirrosis avanzada. Con el tiempo, puede derivar en una falta de respuesta o en un coma.
  • Ictericia. La ictericia se produce cuando el hígado enfermo no elimina de la sangre una cantidad suficiente de un producto de desecho llamado bilirrubina. La ictericia provoca un color amarillento en la piel y en la parte blanca de los ojos, así como un oscurecimiento de la orina. Cuando aparece ictericia en la cirrosis, es un signo de empeoramiento de la función hepática.
  • Insuficiencia renal. La cirrosis puede reducir el flujo sanguíneo a los riñones y provocar insuficiencia renal, lo que a veces se denomina síndrome hepatorrenal.
  • Enfermedades óseas. Algunas personas con cirrosis pierden resistencia ósea y corren un mayor riesgo de sufrir fracturas.
  • Mayor riesgo de cáncer de hígado. Una gran parte de las personas que desarrollan cáncer de hígado padecen cirrosis previa.
  • Cirrosis aguda sobre crónica. Algunas personas acaban sufriendo un fallo multiorgánico. Los investigadores creen ahora que se trata de una complicación que se da en algunas personas con cirrosis. Sin embargo, aún no comprenden del todo cuáles son sus causas.

Cuando se presentan ictericia, ascitis, hemorragias, cáncer de hígado o alteraciones cerebrales, los profesionales sanitarios pueden referirse a esta afección como «cirrosis descompensada». Si no se presentan estas complicaciones, se dice que la cirrosis está «compensada».

Prevención

Reduzca el riesgo de cirrosis siguiendo estos consejos para cuidar su hígado:

  • No consumas alcohol. Si padeces una enfermedad hepática, no debes consumir ningún tipo de bebida alcohólica, aunque el alcohol no haya sido la causa original.
  • Sigue una dieta saludable. Opta por una dieta rica en frutas y verduras. Elige cereales integrales y fuentes de proteínas magras. Reduce el consumo de alimentos grasos y fritos.
  • Mantén un peso saludable. Un exceso de grasa corporal puede dañar el hígado. Si tienes sobrepeso, consulta con un profesional sanitario para que te ayude a elaborar un plan de adelgazamiento.
  • Reduce el riesgo de contraer hepatitis. Compartir agujas y mantener relaciones sexuales sin protección puede aumentar el riesgo de contraer hepatitis B y C. Consulta a un profesional sanitario sobre las vacunas contra la hepatitis. La hepatitis C se puede curar. Todos los adultos deberían someterse a pruebas de detección de la hepatitis C al menos una vez.

Si te preocupa el riesgo de padecer cirrosis hepática, consulta con un profesional sanitario sobre cómo reducirlo.

Diagnóstico

Las personas con cirrosis hepática en fase inicial no suelen presentar síntomas. A menudo, la cirrosis se detecta por primera vez durante un análisis de sangre o una revisión médica por otro motivo. Para ayudar a confirmar el diagnóstico, se suele realizar una combinación de pruebas de laboratorio y de imagen.

Pruebas

Un profesional sanitario puede solicitar una o varias pruebas para evaluar la función hepática, entre ellas:

  • Pruebas de laboratorio. Un profesional sanitario puede solicitar análisis de sangre para detectar signos de disfunción hepática, como niveles elevados de bilirrubina o de determinadas enzimas. Para evaluar la función renal, se analiza la creatinina en sangre. Se realiza un hemograma y se analizan los virus de la hepatitis. Se comprueba el índice internacional normalizado (INR), también llamado prueba de protrombina, para evaluar la capacidad de coagulación de la sangre. En conjunto, los resultados de estas pruebas indican la presencia de cirrosis.

    Un profesional sanitario puede diagnosticar la causa subyacente de la cirrosis basándose en tu historial médico y en los resultados de los análisis de sangre. Los análisis de sangre también pueden ayudar a determinar la gravedad de la enfermedad hepática y cómo evoluciona con el tiempo.

    Los profesionales sanitarios suelen utilizar la información de los análisis de sangre para calcular lo que se conoce como puntuación del modelo de enfermedad hepática en fase terminal (MELD). La puntuación MELD puede ayudar a evaluar la función hepática y orientar las decisiones sobre el seguimiento y el tratamiento. Una puntuación MELD más alta indica que la función hepática está empeorando y que puede ser necesario un seguimiento más estrecho o una atención más avanzada. Los profesionales sanitarios suelen hacer un seguimiento de la puntuación MELD a lo largo del tiempo para decidir cuándo es conveniente derivar al paciente a un especialista en hepatología o a un centro de trasplantes.

    La puntuación MELD es solo uno de los aspectos que se tienen en cuenta a la hora de evaluar la cirrosis. Los profesionales sanitarios también tienen en cuenta los síntomas, las complicaciones —como la acumulación de líquido o la confusión— y el estado general de salud a la hora de evaluar la gravedad de la cirrosis.

  • Pruebas de imagen. Es posible que se recomienden ciertas pruebas de imagen, como la elastografía transitoria o la elastografía por resonancia magnética (MRE). Estas pruebas de imagen no invasivas permiten detectar endurecimientos o rigidez en el hígado. Mientras que en el pasado habría sido necesaria una biopsia hepática, la MRE puede proporcionar la misma información con menos molestias y riesgos.

    También se pueden realizar otras pruebas de diagnóstico por imagen, como la resonancia magnética, la tomografía computarizada y la ecografía.

  • Biopsia. No siempre es necesario obtener una muestra de tejido, lo que se conoce como biopsia, para establecer un diagnóstico, sobre todo ahora que la elastografía por resonancia magnética está tan extendida. Sin embargo, en determinadas situaciones sigue siendo necesario realizar una biopsia.

Seguimiento continuo

Si padeces cirrosis, es probable que un profesional sanitario te recomiende someterte a pruebas periódicas para comprobar si la enfermedad hepática ha avanzado o para detectar signos de complicaciones, especialmente varices esofágicas y cáncer de hígado. Cada vez hay más pruebas no invasivas disponibles para controlar la enfermedad hepática.

Tratamiento

El tratamiento de la cirrosis depende de la causa y la gravedad del daño hepático. Los objetivos del tratamiento son frenar el avance de la cicatrización en el hígado y prevenir o tratar los síntomas y las complicaciones de la cirrosis. Por lo general, no es posible revertir la cirrosis. En caso de daño hepático grave, puede ser necesaria la hospitalización.

Tratamiento de la causa subyacente de la cirrosis

En los casos de cirrosis en fase inicial, es posible minimizar el daño hepático tratando la causa subyacente. Las opciones incluyen:

  • Tratamiento de la dependencia del alcohol. Las personas con cirrosis provocada por un consumo excesivo de alcohol deben dejar de beber por completo. Cualquier tipo y cantidad de alcohol resulta tóxico para el hígado. Si resulta difícil dejar de beber, un profesional sanitario puede recomendar un programa de tratamiento. Por lo general, este tipo de programa es obligatorio para cualquier persona que esté considerando someterse a un trasplante de hígado. Dejar de beber puede frenar el daño hepático, reducir el riesgo de complicaciones y mejorar la esperanza de vida de las personas con cirrosis relacionada con el alcohol.
  • Pérdida de peso. Las personas con cirrosis provocada por la enfermedad hepática esteatósica asociada a la disfunción metabólica pueden mejorar su salud si pierden peso y controlan sus niveles de azúcar en sangre.
  • Medicamentos para controlar la hepatitis. Estos medicamentos pueden limitar el daño adicional a las células del hígado causado por la hepatitis B o C mediante un tratamiento específico contra estos virus.
  • Medicamentos para controlar otras causas y síntomas de la cirrosis. Los medicamentos pueden ralentizar la progresión de ciertos tipos de cirrosis hepática. Por ejemplo, en el caso de las personas con colangitis biliar primaria diagnosticada en una fase temprana, los medicamentos pueden retrasar significativamente la progresión hacia la cirrosis.

Otros medicamentos pueden aliviar ciertos síntomas, como el picor, el cansancio y el dolor. Es posible que se receten suplementos nutricionales o vitaminas para tratar la desnutrición asociada a la cirrosis. Los suplementos también pueden ayudar a prevenir la fragilidad ósea, conocida como osteoporosis.

Adoptar hábitos de vida saludables puede ayudar a proteger el hígado y a mejorar la salud en general. Entre estos hábitos se incluyen seguir una dieta equilibrada, realizar actividad física dentro de las posibilidades y tomar medidas para prevenir infecciones. Tu equipo médico puede ayudarte a diseñar planes de autocuidado adaptados a tus necesidades y puede recomendarte consejos nutricionales específicos, vacunas y opciones seguras de medicamentos para el dolor.

Tratamiento de las complicaciones de la cirrosis

Un profesional sanitario se encargará de tratar cualquier complicación derivada de la cirrosis, entre ellas:

  • Una acumulación de líquido en el cuerpo. Una dieta baja en sodio y medicamentos para prevenir la acumulación de líquido en el cuerpo pueden ayudar a controlar la ascitis y la hinchazón. En casos más graves de acumulación de líquido, puede ser necesario realizar procedimientos para drenar el líquido o una intervención quirúrgica para aliviar la presión.
  • Hipertensión portal. Algunos medicamentos para la presión arterial pueden controlar el aumento de la presión en las venas que irrigan el hígado, lo que se conoce como hipertensión portal, y prevenir hemorragias graves. Se puede realizar una endoscopia superior de forma periódica para detectar venas dilatadas en el esófago o el estómago que puedan sangrar. Estas venas se conocen como varices.

    Si una persona desarrolla varices, es probable que se le receten medicamentos para reducir el riesgo de hemorragia. Si hay indicios de que las varices están sangrando o de que es probable que sangren, puede ser necesario realizar una intervención conocida como ligadura con banda. La ligadura con banda puede detener la hemorragia o reducir el riesgo de que se produzcan nuevas hemorragias. En casos graves, se puede colocar en la vena un pequeño tubo denominado derivación portosistémica intrahepática transyugular para reducir la presión sanguínea en el hígado.

  • Infecciones. Es posible que se necesiten antibióticos u otros tratamientos para las infecciones. Es probable que un profesional sanitario también recomiende vacunas contra la gripe, la neumonía y la hepatitis.
  • Mayor riesgo de cáncer de hígado. Es probable que un profesional sanitario le recomiende análisis de sangre y ecografías periódicas para detectar signos de cáncer de hígado.
  • Encefalopatía hepática. A algunas personas se les pueden recetar medicamentos para ayudar a reducir la acumulación de toxinas en la sangre provocada por un mal funcionamiento del hígado.

Cirugía de trasplante de hígado

En los casos avanzados de cirrosis, cuando el hígado deja de funcionar correctamente, un trasplante de hígado puede ser la única opción de tratamiento. Un trasplante de hígado es una intervención en la que se sustituye el hígado por uno sano de un donante fallecido o por una parte del hígado de un donante vivo. La cirrosis es una de las causas más frecuentes de trasplante de hígado. Los candidatos a un trasplante de hígado se someten a una serie de pruebas exhaustivas para determinar si gozan de la salud necesaria para obtener un buen resultado tras la intervención.

Históricamente, las personas con cirrosis alcohólica no han sido candidatas al trasplante de hígado debido al riesgo de que retomen el consumo nocivo de alcohol tras la intervención. Sin embargo, muchas personas que reciben tratamiento por un trastorno por consumo de alcohol y se mantienen abstinentes presentan tasas de supervivencia tras el trasplante similares a las de los receptores de trasplantes de hígado con otros tipos de enfermedad hepática.

Para que el trasplante sea una opción en caso de cirrosis alcohólica, deberá:

  • Busca un programa dirigido a personas con cirrosis alcohólica.
  • Cumplir los requisitos del programa. Entre ellos se incluyen el compromiso de abstinencia total del alcohol de por vida, así como otros requisitos del centro de trasplantes concreto.

Posibles tratamientos futuros

Los científicos están trabajando para ampliar los tratamientos actuales contra la cirrosis, pero los resultados han sido limitados. Dado que la cirrosis tiene diversas causas y complicaciones, existen muchas vías de abordaje posibles. Una combinación de un mayor cribado, cambios en el estilo de vida y nuevos medicamentos podría mejorar los resultados en las personas con daño hepático, siempre que se inicie a tiempo.

Los investigadores están trabajando en terapias dirigidas específicamente a las células del hígado, con el fin de ayudar a frenar o incluso revertir la cicatrización, conocida como fibrosis, que conduce a la cirrosis. Sin embargo, todavía no hay ninguna terapia dirigida que esté lista para su uso.

Pronóstico

La cirrosis es una enfermedad grave, pero no siempre supone un riesgo inmediato para la vida. Muchas personas viven durante años con cirrosis, sobre todo cuando se detecta a tiempo y se trata adecuadamente. La enfermedad se vuelve mucho más peligrosa cuando el hígado ya no puede desempeñar sus funciones básicas y aparecen complicaciones. La mayoría de las muertes relacionadas con la cirrosis se producen cuando la enfermedad ha avanzado a una fase más avanzada.

Cómo influye el estadio en el pronóstico

Los profesionales sanitarios suelen describir la cirrosis como compensada o descompensada. Se trata de estadios clínicos que se basan en la función hepática y en la presencia de complicaciones.

  • Cirrosis compensada. En esta fase, el hígado presenta cicatrices, pero sigue siendo capaz de funcionar. Las personas suelen presentar pocos síntomas o ninguno, y pueden vivir muchos años. De media, la esperanza de vida es de más de 10 años, especialmente cuando se trata la causa de la cirrosis y se previenen las complicaciones.
  • Cirrosis descompensada. En esta fase avanzada, el hígado ya no puede satisfacer las necesidades del organismo. Esto puede provocar problemas como acumulación de líquido, hemorragias, confusión o ictericia. Una vez que la cirrosis se vuelve descompensada, la esperanza de vida media se reduce a unos dos años sin un trasplante de hígado. Hay muchos factores que pueden influir en la esperanza de vida de cada persona, entre ellos las complicaciones y el tratamiento.

    En esta fase, la atención se centra en el control de los síntomas, la prevención de complicaciones y el análisis de las opciones de tratamiento avanzado, incluido el trasplante de hígado cuando sea adecuado.

¿Qué factores pueden influir en el pronóstico a lo largo del tiempo?

La cirrosis suele desarrollarse lentamente a lo largo de muchos años, pero su evolución no es igual en todos los casos. Entre los factores que pueden acelerar la progresión de la enfermedad se encuentran:

  • Lesión hepática en curso.
  • Hepatitis viral no tratada.
  • Consumo continuado de alcohol.
  • Infecciones graves o problemas renales.

Estos factores aumentan el riesgo de complicaciones y de un empeoramiento de la función hepática.

Estilo de vida y remedios caseros

Si padeces cirrosis, procura evitar que el hígado sufra más daño:

  • No consumas alcohol. Tanto si tu cirrosis se debe al consumo crónico de alcohol como a otra enfermedad, no consumas alcohol. El consumo de alcohol puede provocar un mayor daño hepático. Esto se aplica a todo tipo de bebidas alcohólicas.
  • Sigue una dieta baja en sodio. El exceso de sal puede provocar que el cuerpo retenga líquidos, lo que agrava la hinchazón en el abdomen y las piernas. Utiliza hierbas aromáticas para condimentar la comida, en lugar de sal. Elige alimentos preparados con bajo contenido en sodio.
  • Sigue una dieta saludable. Las personas con cirrosis pueden sufrir desnutrición. Combate este problema con una dieta saludable que incluya una variedad de frutas y verduras. Elige proteínas magras, como legumbres, aves o pescado. No consumas marisco crudo. Ingerir una cantidad suficiente de proteínas puede ayudarte a recuperar la salud. Tomar comidas ligeras con frecuencia puede facilitarte seguir la dieta que te ha recomendado tu equipo médico.
  • Protéjase contra las infecciones. La cirrosis dificulta la capacidad del organismo para combatir las infecciones. Protéjase evitando el contacto con personas enfermas y lavándose las manos con frecuencia. Vacúnese contra la hepatitis A y B, la gripe y la neumonía.
  • Utilice con precaución los medicamentos de venta libre. La cirrosis dificulta que el hígado metabolice los medicamentos. Por este motivo, consulte a un profesional sanitario antes de tomar cualquier medicamento, incluidos los de venta libre. No tome aspirina ni ibuprofeno (Advil, Motrin IB, otros). Si tiene daño hepático, es posible que un profesional sanitario le recomiende no tomar paracetamol (Tylenol, otros) o tomarlo en dosis bajas para aliviar el dolor.

Aunque se preste mucha atención a la alimentación y a los hábitos cotidianos, la cirrosis es una enfermedad muy grave que a menudo acorta la vida. Tu equipo médico te indicará qué puedes hacer para mantenerte lo más sano posible durante el mayor tiempo posible.

Cómo prepararse para una cita

Si padeces cirrosis, es posible que te deriven a un profesional sanitario especializado en el sistema digestivo, lo que se conoce como gastroenterólogo, o en el hígado, lo que se conoce como hepatólogo.

Aquí tienes información que te ayudará a prepararte para tu cita y a saber qué puedes esperar.

Qué puedes hacer

  • Ten en cuenta cualquier restricción previa a la cita, como las restricciones alimentarias del día anterior a la misma.
  • Anota tus síntomas, incluyendo cuándo empezaron y cómo han cambiado o empeorado con el tiempo.
  • Lleva contigo una lista de todos tus medicamentos, así como de las vitaminas y suplementos que tomes, indicando las dosis.
  • Anota tu información médica más importante, incluidas otras enfermedades diagnosticadas.
  • Traiga los resultados de las pruebas médicas realizadas hasta la fecha, incluidas copias digitales de las imágenes de tomografía computarizada, resonancia magnética o ecografía, así como las preparaciones de la biopsia, en caso de que se le haya realizado una biopsia de hígado.
  • Anota tus datos personales más importantes, incluyendo cualquier cambio reciente o factor de estrés en tu vida.
  • Pide a un familiar o a un amigo que te acompañe para que te ayude a recordar las cosas.
  • Anota las preguntas que quieras hacerle al médico.

Preguntas que puedes hacerle a tu médico

Preparar una lista de preguntas puede ayudarte a aprovechar al máximo tu tiempo. Algunas preguntas básicas que puedes plantear son:

  • ¿Cuál es la causa más probable de mi cirrosis?
  • ¿Hay alguna forma de frenar o detener el daño hepático?
  • ¿Qué opciones de tratamiento tengo?
  • ¿Hay algún medicamento o suplemento que pueda dañar mi hígado?
  • ¿A qué signos y síntomas de complicaciones debo prestar atención?
  • Tengo otras afecciones de salud. ¿Cuál es la mejor manera de controlarlas todas a la vez?

No dudes en hacer cualquier pregunta que tengas durante la cita.

Qué puedes esperar de tu médico

Prepárate para responder a preguntas como:

  • ¿Cuándo empezaste a notar los primeros síntomas?
  • ¿Sus síntomas han sido constantes u ocasionales?
  • ¿Qué gravedad tienen tus síntomas?
  • ¿Qué es lo que, si es que hay algo, parece aliviar tus síntomas?
  • ¿Qué es lo que, en su caso, parece agravar sus síntomas?
  • ¿Con qué frecuencia bebes alcohol?
  • ¿Ha estado expuesto a sustancias tóxicas o las ha consumido?
  • ¿Tienes antecedentes familiares de enfermedad hepática, hemocromatosis u obesidad?
  • ¿Has tenido alguna vez hepatitis viral?
  • ¿Alguna vez has tenido ictericia?
  • ¿Alguna vez te han hecho una transfusión de sangre o has consumido drogas inyectables?
  • ¿Tienes algún tatuaje?

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