Síntomas

Los signos y síntomas del cordoma pueden variar en función de la localización del tumor y de su tamaño o grado de avance. Sin embargo, independientemente de dónde se encuentre el cordoma, los síntomas pueden incluir:

  • Dolor cerca de la zona del tumor.
  • Nuevos problemas nerviosos, como entumecimiento o debilidad.
  • Nuevos cambios en la forma y el momento en que vas al baño o orinas.

Síntomas del cordoma de la base del cráneo

Los primeros signos y síntomas de un cordoma del hueso clival o de la base del cráneo pueden incluir:

  • Dolor de cabeza.
  • Entumecimiento, debilidad, caída o parálisis facial.
  • Problemas de visión, como visión borrosa o doble o, en ocasiones, pérdida de la visión.

Otros posibles síntomas son:

  • Pérdida auditiva.
  • Ronquera.
  • Me cuesta hablar con normalidad.
  • Dificultad para tragar.

Columna vertebral media, también denominada columna móvil; síntomas del cordoma

Los primeros signos y síntomas de un cordoma en la parte de la columna vertebral situada entre la base del cráneo y el sacro pueden incluir:

  • Entumecimiento o debilidad en los brazos o las piernas.
  • Dolor de espalda que puede extenderse a las nalgas y las piernas.
  • Dificultades respiratorias.
  • Dolor de cabeza.
  • Rigidez o dolor en el cuello.
  • Dolor de cuello que puede extenderse a los hombros.
  • Dificultades para tragar.
  • Problemas para caminar.

Parte inferior de la columna vertebral, también denominada zona sacra: síntomas del cordoma

Los primeros signos y síntomas de un cordoma sacro pueden incluir:

  • Estreñimiento.
  • Bulto en la zona del tumor.
  • Entumecimiento u hormigueo en las nalgas y la parte interna de los muslos.
  • Debilidad muscular.
  • Dolor en la espalda, las nalgas, la pelvis o el coxis que puede intensificarse al estar sentado.
  • Una necesidad repentina de orinar que resulta difícil de controlar.

Dado que los cordomas crecen muy lentamente y presentan síntomas generales que pueden deberse a muchas causas, es habitual que no se detecten signos ni síntomas durante años.

Cuándo acudir al médico

Pide cita con un médico u otro profesional sanitario si tienes algún síntoma que te preocupe.

Causas

No está claro qué causa la mayoría de los cordomas. Por lo general, aparecen de forma aleatoria. En raras ocasiones, pueden ser hereditarios, lo que significa que los cordomas pueden darse en familias. Este tipo de cáncer suele aparecer en los huesos del cráneo o de la columna vertebral.

El cordoma se produce cuando las células de los huesos sufren alteraciones en su ADN. El ADN de una célula contiene las instrucciones que le indican qué debe hacer. En las células sanas, el ADN da instrucciones para que crezcan y se multipliquen a un ritmo determinado. Las instrucciones indican a las células que mueran en un momento determinado. En las células cancerosas, las alteraciones en el ADN dan instrucciones diferentes. Estas alteraciones indican a las células cancerosas que crezcan y se multipliquen rápidamente. Las células cancerosas pueden seguir vivas cuando las células sanas morirían. Esto provoca un exceso de células.

Las células cancerosas forman una masa denominada tumor. El tumor puede crecer hasta invadir y destruir el tejido sano del cuerpo. Con el tiempo, las células cancerosas pueden desprenderse y extenderse a otras partes del cuerpo. El cáncer que se extiende se denomina cáncer metastásico.

Factores de riesgo

Entre los factores que pueden aumentar el riesgo de padecer un cordoma se incluyen:

  • Edad. El cordoma puede aparecer a cualquier edad. Sin embargo, este tipo de cáncer se da con mayor frecuencia en personas de entre 40 y 60 años.
  • Antecedentes familiares. La mayoría de los cordomas aparecen de forma aleatoria. Sin embargo, las personas con antecedentes familiares de cordoma pueden tener un mayor riesgo de desarrollarlo. Cuando esto ocurre, se debe a alteraciones en determinados genes, como el gen TBXT. Este gen interviene en la producción de una proteína llamada brachyury. Los cordomas contienen grandes cantidades de brachyury. Esto puede ayudar a diferenciarlos de otros tumores.
  • Sexo asignado al nacer. En los adultos, las personas a las que se les asignó el sexo masculino al nacer tienen una probabilidad ligeramente mayor de que se les diagnostique un cordoma. Aproximadamente el 60 % de los cordomas se detectan en personas a las que se les asignó el sexo masculino al nacer. Aproximadamente el 40 % de los cordomas se detectan en personas a las que se les asignó el sexo femenino al nacer. En los niños, los que se les asignó el sexo femenino al nacer tienen una probabilidad ligeramente mayor de que se les diagnostique un cordoma que los que se les asignó el sexo masculino al nacer.

Complicaciones

Las complicaciones de los cordomas suelen deberse al crecimiento de los tumores y a la presión que ejercen sobre los vasos sanguíneos, los nervios y otros tejidos. Otras complicaciones se producen si el cáncer se extiende a otras partes del cuerpo.

Las complicaciones del cordoma en el sistema nervioso pueden incluir:

  • Fugas de líquido cefalorraquídeo, aunque esto es poco frecuente.
  • Dolores de cabeza.
  • Pérdida auditiva.
  • Problemas de equilibrio, coordinación y marcha.
  • Dificultad para tragar o hablar.
  • Dificultad para respirar.
  • Problemas de visión.
  • Acumulación de líquido en el cerebro, lo que puede aumentar la presión intracraneal y provocar dolores de cabeza, náuseas y vómitos.
  • Debilidad o entumecimiento en la cara, los brazos o las piernas.

En ocasiones, los tumores de cordoma pueden extenderse a otras partes del cuerpo. Es posible que se refieran a esto como «cordoma metastásico». Menos de la mitad de los cordomas se extienden a otras partes del cuerpo. Es más frecuente en los cordomas que se localizan en zonas de la columna vertebral por debajo del cuello y en el tipo de cordoma poco diferenciado. A veces, el cordoma metastásico puede denominarse «cordoma avanzado» o «cordoma en fase terminal».

El lugar más habitual al que se diseminan los cordomas es el pulmón. Sin embargo, también pueden extenderse al hígado, a otros huesos o a los tejidos blandos. Dependiendo de dónde se haya diseminado el cordoma metastásico, las complicaciones pueden incluir:

  • Los huesos se rompen.
  • Cansancio extremo.
  • Bultos.
  • Dolor.
  • Hinchazón del abdomen.
  • Dificultad para respirar.
  • Coloración amarillenta de la piel o los ojos, lo que se conoce como ictericia.
  • Pérdida de peso.

Diagnóstico

Para diagnosticar un cordoma, un profesional sanitario puede realizar un examen físico y hacerte preguntas sobre tu historial médico. Otras pruebas y procedimientos pueden incluir pruebas de imagen y la obtención de una muestra de tejido para su análisis en el laboratorio.

Pruebas de diagnóstico por imagen, como una tomografía computarizada o una resonancia magnética

Las pruebas de diagnóstico por imagen permiten obtener imágenes del cuerpo. Pueden mostrar el tamaño y la ubicación de un cáncer. Las tomografías computarizadas son las más adecuadas para detectar cambios en los huesos. Las resonancias magnéticas son más eficaces para visualizar los tumores y los tejidos que los rodean.

  • Tomografías computarizadas. Las tomografías computarizadas son útiles para detectar cambios óseos, como cavidades o puntos débiles. En una tomografía computarizada, los cordomas suelen aparecer como manchas claras u oscuras rodeadas de hueso dañado. Una tomografía computarizada también puede mostrar si el tumor se ha extendido, por ejemplo, cerca de los huesos del cráneo y el cuello. A veces, se utiliza un tinte especial llamado medio de contraste para realizar una tomografía computarizada. El tinte aparece brillante en las imágenes, lo que permite visualizar mejor ciertas zonas que se están explorando.
  • Resonancias magnéticas. Las resonancias magnéticas permiten visualizar mejor los tumores y los vasos sanguíneos que los rodean. Estas pruebas pueden mostrar si el tumor presenta diferentes secciones y cómo afecta a los tejidos que rodean la columna vertebral. Los cordomas suelen aparecer como puntos brillantes con zonas más oscuras en su interior.

Biopsia

Una biopsia es un procedimiento que consiste en extraer una muestra de tejido para analizarla en un laboratorio. La biopsia es fundamental para confirmar si lo que se observa en las pruebas de imagen es un cordoma. Esto se debe a que, en las pruebas de imagen, el cordoma puede parecerse a otras afecciones que requieren tratamientos diferentes. En el caso del cordoma, la muestra de tejido puede obtenerse mediante:

  • Introducción de una aguja a través de la piel. Durante una biopsia con aguja, un profesional sanitario introduce una aguja fina a través de la piel y la dirige hacia el tumor. El profesional sanitario utiliza la aguja para extraer pequeñas muestras de tejido. En algunos casos de cordoma, como los que se localizan en la base del cráneo, puede que no sea posible realizar una biopsia antes de la cirugía.
  • Extracción de una muestra durante la intervención quirúrgica. Durante una biopsia quirúrgica, el cirujano realiza un corte, también denominado incisión, en la piel para acceder al tumor. El cirujano extrae una muestra del tumor para su análisis.

Decidir cómo debe realizarse la biopsia requiere una planificación minuciosa por parte de su equipo sanitario. Este equipo debe realizar la biopsia de tal forma que permita una futura intervención quirúrgica para extirpar el cáncer. Por este motivo, es recomendable acudir a un centro médico que atienda a muchos pacientes con cordoma.

Para confirmar que se trata de un cordoma, el equipo médico busca signos patológicos característicos de esta neoplasia. Entre ellos se pueden incluir:

  • Células que presentan una estructura burbujeante en su interior, denominadas células fisaliforas.
  • Una proteína especial llamada brachyury que es habitual en las células del cordoma.
  • Otras proteínas, como la S100, la vimentina y las pancitokeratinas.

Pruebas genéticas

Las pruebas genéticas no forman parte de la rutina del diagnóstico del cordoma. Sin embargo, en ocasiones se recomiendan para familias con antecedentes de cordoma o para niños y adultos jóvenes con cordoma.

Tratamiento

El tratamiento del cordoma depende del tamaño y la localización del cáncer, así como de si ha invadido los nervios u otros tejidos.

  • La cirugía suele ser el primer paso y un tratamiento importante para el cordoma. Si se logra extirpar el tumor por completo, ofrece las mejores posibilidades de curación.
  • La radioterapia suele aplicarse después de la cirugía, con el fin de destruir cualquier célula cancerosa que pueda quedar. En ocasiones, la radioterapia se utiliza antes de la cirugía para reducir el tamaño del tumor y facilitar su extirpación. En algunos casos, la radioterapia puede aplicarse de forma aislada, si no es posible extirpar el tumor mediante cirugía.
  • Los medicamentos de terapia dirigida pueden utilizarse para tratar el cáncer que se ha extendido por el cuerpo, lo que se conoce como metástasis, o para el cáncer que reaparece tras el tratamiento inicial, lo que se denomina recidiva.

En algunos casos, el cordoma puede curarse. Sin embargo, los cordomas pueden ser difíciles de tratar. Es complicado extirparlos por completo, ya que crecen muy cerca del cerebro y la columna vertebral. Además, son resistentes a la radioterapia y la quimioterapia convencionales. A menudo, los cordomas reaparecen. A esto se le denomina «recidiva». Cuando eso ocurre, el tratamiento puede ayudar a controlar o manejar el cáncer a lo largo del tiempo, en lugar de curarlo.

Cirugía

En la cirugía de cordoma, el objetivo de los cirujanos es extirpar la mayor parte posible del tumor de una sola pieza. Cuando se realiza en la columna móvil o en el sacro, se denomina «resección en bloque». Cuando es posible extirpar el cordoma por completo de una sola pieza, la intervención reduce el riesgo de que las células cancerosas se diseminen y de que el cáncer reaparezca.

Sin embargo, puede resultar difícil extirpar el cordoma en su totalidad. Esto se debe a que los cordomas crecen alrededor de estructuras importantes, como el cerebro, la médula espinal, los nervios y los vasos sanguíneos. Los cirujanos intentan extirpar el cáncer sin dañar las estructuras sanas. Además, resulta complicado acceder con seguridad a algunas partes de la base del cráneo.

Cuando no es posible extirpar un cordoma por completo, los cirujanos intentan extirpar la mayor parte posible.

Los tipos de cirugía pueden variar en función de la localización del tumor:

  • Cirugía de cordoma de la base del cráneo. En ocasiones, los cirujanos pueden acceder al cordoma de la base del cráneo a través de la nariz. Este tipo de cirugía se denomina cirugía endoscópica de la base del cráneo. Para ello se utiliza un tubo largo y delgado llamado endoscopio. El endoscopio se introduce a través de la nariz para acceder al tumor. A través del endoscopio se pueden introducir instrumentos especiales para extirpar el tumor. En ocasiones, es necesaria una cirugía abierta tradicional. Durante la cirugía abierta, el cirujano utiliza instrumentos quirúrgicos que se introducen a través de un corte grande, también llamado incisión, en la parte posterior de la cabeza o el cuello. También se pueden utilizar otros abordajes.
  • Cirugía de cordoma en la columna vertebral móvil y el sacro. El objetivo de la cirugía de cordoma en las zonas de la columna vertebral situadas por debajo de la base del cráneo es extirpar la mayor parte posible del tumor. También es posible que se extirpen otros huesos y tejidos circundantes. Si el tumor se encuentra en el sacro, en la parte inferior de la columna vertebral, es posible que se extirpe todo el sacro. A esta intervención se le denomina sacrectomía. Esta cirugía puede realizarse mediante una incisión en el abdomen o en la espalda.

En contadas ocasiones, los cirujanos pueden recomendar otra intervención quirúrgica para estabilizar la zona donde antes se encontraba el cáncer.

Las complicaciones de la cirugía de cordoma incluyen los riesgos propios de cualquier intervención quirúrgica, como infecciones, coágulos sanguíneos y hemorragias. También pueden producirse complicaciones si se dañan los nervios durante la intervención. Entre las posibles complicaciones se incluyen:

  • Visión doble.
  • Cambios en el funcionamiento del intestino o la vejiga.
  • Pérdida de la función sexual.
  • Entumecimiento o pérdida de sensibilidad.
  • Dificultad para caminar o sentarse.
  • Fuga del líquido que rodea el cerebro y la médula espinal, denominado líquido cefalorraquídeo.

Radiación

La radioterapia trata el cáncer mediante potentes haces de energía. La energía puede proceder de rayos X, fotones, protones u otras fuentes.

Durante la radioterapia, el paciente se tumba en una camilla mientras una máquina gira a su alrededor. La máquina dirige la radiación hacia puntos concretos del cuerpo.

En el pasado, los cordomas se mostraban resistentes a la radioterapia convencional, que debía administrarse a una dosis lo suficientemente baja como para no dañar el tejido medular o cerebral adyacente. Los nuevos tratamientos de radioterapia pueden resultar útiles, ya que permiten administrar una dosis más alta de radiación de forma más directa al tumor, al tiempo que protegen el cerebro, la médula espinal y los nervios circundantes. Entre las opciones de radioterapia se incluyen:

  • Terapia de protones.
  • Radioterapia de intensidad modulada (IMRT).
  • Radiocirugía estereotáctica.
  • Radioterapia estereotáctica corporal.
  • Terapia con iones de carbono.

El tipo de radioterapia que se utilice puede variar en función de la localización del cáncer y de las opciones de que disponga el centro quirúrgico.

Los efectos secundarios de la radioterapia pueden incluir:

  • Cansancio.
  • Hinchazón, irritación u otros cambios en la piel.
  • Dolor de cabeza.
  • Cambios hormonales, como el hipopituitarismo.
  • Cambios o daños cerebrales.
  • Cambios en la audición y la visión.
  • Dificultad para tragar.

También existe un riesgo leve de que la radioterapia pueda provocar otro tipo de cáncer más adelante. A esto se le denomina cáncer secundario.

Medicamentos de terapia dirigida

El cordoma no suele reducirse con la quimioterapia convencional. Sin embargo, la terapia dirigida contra el cáncer es un tratamiento que utiliza medicamentos para atacar sustancias químicas específicas de las células cancerosas. Al bloquear estas sustancias, los tratamientos dirigidos pueden provocar la muerte de las células cancerosas.

La terapia dirigida se utiliza a veces como parte de un ensayo clínico. O bien se utiliza fuera de lo indicado en la ficha técnica para tratar el cordoma que se extiende a otras partes del cuerpo, lo que se denomina cordoma metastásico. «Fuera de lo indicado en la ficha técnica» significa que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) ha aprobado el medicamento para tratar una afección diferente. La terapia dirigida también puede utilizarse para tratar el cordoma que reaparece tras el tratamiento, lo que se denomina «recidiva».

Algunos ejemplos de terapias dirigidas que podrían utilizarse en primer lugar para el cordoma son:

  • Imatinib.
  • Dasatinib.
  • Sunitinib.

En ocasiones, se pueden utilizar otros medicamentos. Entre ellos se pueden incluir:

  • Imatinib administrado junto con un fármaco de quimioterapia o con sirolimus.
  • Erlotinib.
  • Lapatinib
  • Sorafenib.

Los efectos secundarios de la terapia dirigida pueden incluir:

  • Cansancio.
  • Malestar estomacal.
  • Erupción cutánea.
  • Diarrea.
  • Hinchazón.
  • Alteraciones tiroideas y renales.

Tratamientos en fase de estudio

Los científicos siguen investigando posibles nuevos tratamientos para el cordoma. Entre ellos se encuentran:

  • Inhibidores de puntos de control. Se trata de un tipo de fármaco que ayuda al sistema inmunitario a detectar y atacar las células cancerosas.
  • Terapias dirigidas contra la proteína Brachyury. Los cordomas casi siempre producen la proteína Brachyury. Por eso, se están probando vacunas y nuevos fármacos dirigidos contra esta proteína.

Afrontamiento y apoyo

Con el tiempo, descubrirás qué es lo que te ayuda a sobrellevar la incertidumbre y la preocupación que conlleva un diagnóstico de cáncer. Hasta entonces, quizá te resulte útil:

Infórmate lo suficiente sobre los cordomas para poder tomar decisiones sobre tu tratamiento

Pregunta a tu equipo médico sobre tu cáncer, incluyendo los resultados de tus pruebas, las opciones de tratamiento y, si lo deseas, tu pronóstico. A medida que vayas conociendo mejor tu cordoma, te sentirás más seguro a la hora de tomar decisiones sobre el tratamiento.

Además, los dispositivos y equipos de apoyo pueden ayudar a resolver algunos problemas de movilidad. Y si padeces dolor oncológico, existen varios tratamientos disponibles. Tus opciones pueden depender de la causa del dolor oncológico y de la intensidad del dolor que sientas.

Mantén cerca a tus amigos, familiares o comunidad

Los amigos, la familia o los recursos comunitarios pueden ayudarte a obtener el apoyo práctico que puedas necesitar. Por ejemplo, esto podría incluir ocuparse de tu casa si estás en el hospital.

Busca a alguien con quien hablar

Busca a alguien que esté dispuesto a escucharte hablar de tus esperanzas y preocupaciones. Puede ser un amigo o un familiar. La atención y la comprensión de un terapeuta, un trabajador social médico, un miembro del clero o un grupo de apoyo para personas con cáncer también pueden resultarte de ayuda.

Pregunta a tu equipo sanitario por los grupos de apoyo que hay en tu zona. Otras fuentes de información son el Instituto Nacional del Cáncer, la Sociedad Americana contra el Cáncer, la Fundación Chordoma y el grupo de apoyo en línea para el sarcoma «Mayo Clinic Connect». La Fundación Chordoma también ofrece un directorio de especialistas en cordoma.

Cómo prepararse para una cita

Pide cita con un médico u otro profesional sanitario si tienes algún síntoma que te preocupe. Si tu profesional sanitario cree que podrías tener un cordoma, es posible que te derive a un especialista.

Dado que las citas pueden ser breves, es recomendable ir preparado. A continuación te ofrecemos algunos datos que te ayudarán a prepararte.

Qué puedes hacer

  • Ten en cuenta todo lo que debas hacer con antelación. Cuando conciertes la cita, asegúrate de preguntar si hay algo que debas hacer antes, como seguir una dieta especial.
  • Anota los síntomas que tengas, incluidos aquellos que puedan parecer no estar relacionados con el motivo por el que concertaste la cita.
  • Anota cualquier dato personal relevante, como situaciones de estrés importantes o cambios recientes en tu vida.
  • Haz una lista de todos los medicamentos, vitaminas y suplementos que estás tomando, indicando las dosis.
  • Llévate a un familiar o a un amigo. A veces cuesta recordar toda la información que te dan durante la consulta. Es posible que la persona que te acompañe recuerde algo que a ti se te haya pasado por alto o se te haya olvidado.
  • Anota las preguntas que quieras hacerle a tu equipo sanitario.

El tiempo que pasas con tu equipo sanitario es limitado, por lo que preparar una lista de preguntas puede ayudarte a aprovecharlo al máximo. Ordena tus preguntas de más importante a menos importante, por si se agota el tiempo. En el caso del cordoma, algunas preguntas básicas que puedes plantear son:

  • ¿Tengo un cordoma?
  • ¿En qué estadio se encuentra mi cordoma?
  • ¿Se ha extendido mi cordoma a otras partes del cuerpo?
  • ¿Tendré que hacerme más pruebas?
  • ¿Cuáles son las opciones de tratamiento?
  • ¿En qué medida aumenta cada tratamiento mis posibilidades de curarme o de prolongar mi vida?
  • ¿Cuáles son los posibles efectos secundarios de cada tratamiento?
  • ¿Cómo afectará cada tratamiento a mi vida cotidiana?
  • ¿Hay alguna opción de tratamiento que consideres la mejor?
  • ¿Qué le recomendarías a un amigo o familiar que se encontrara en mi situación?
  • ¿Debería acudir a un especialista?
  • ¿Hay algún folleto u otro material impreso que pueda llevarme? ¿Qué páginas web me recomiendas?
  • ¿Qué factores determinarán si debo programar una visita de seguimiento?

No dudes en hacer más preguntas.

Qué puedes esperar de tu médico

Prepárate para responder a preguntas como:

  • ¿Cuándo empezaron tus síntomas?
  • ¿Sus síntomas han sido constantes u ocasionales?
  • ¿Qué gravedad tienen tus síntomas?
  • ¿Qué es lo que, si es que hay algo, parece aliviar tus síntomas?
  • ¿Qué es lo que, en su caso, parece agravar sus síntomas?

Etapas

Estadios del cordoma

Tras el diagnóstico de un cordoma, el siguiente paso suele ser determinar la extensión del cáncer. Esto también se conoce como «estadio del cáncer». La estadificación es el proceso que utilizan los profesionales sanitarios para describir la cantidad de cáncer presente en el organismo y su ubicación. Las pruebas de imagen pueden ayudar a medir el tumor. Es posible que se realicen biopsias para examinar las células cancerosas. Su equipo sanitario utiliza el estadio del cáncer para ayudar a elaborar su plan de tratamiento.

La estadificación del cordoma puede realizarse utilizando diferentes sistemas de estadificación. Entre los ejemplos de estos sistemas se incluyen:

  • El sistema Enneking, que consta de tres etapas.
  • El sistema del Comité Conjunto Estadounidense sobre el Cáncer (AJCC), que consta de cuatro estadios.

Términos de puesta en escena

En el caso del cordoma, la estadificación suele tener en cuenta varios factores. El sistema AJCC los denomina T, N y M:

  • T. El tamaño del tumor.
  • N. Si el tumor se ha extendido a los tejidos o ganglios linfáticos cercanos.
  • M. Si el cáncer se ha extendido a otras partes del cuerpo.

Un número de estadio más bajo, independientemente del sistema de estadificación que se utilice, indica que el cáncer está menos avanzado. Esto significa que es más pequeño, crece lentamente y no se ha extendido más allá de la zona del tumor original. Un número de estadio más alto indica que el cáncer es más grande, crece más rápidamente o se ha extendido.

Los profesionales sanitarios también evalúan el aspecto de las células tumorales al microscopio. Esto se conoce como el grado del tumor (G).

Un grado más bajo, independientemente del sistema de estadificación que se utilice, indica un cáncer menos agresivo y de crecimiento más lento. Un grado más alto indica un cáncer más agresivo y de crecimiento más rápido.

  • El sistema Enneking tiene dos niveles.
  • El sistema AJCC tiene cuatro grados.

La estadificación también puede incluir el tipo de cordoma, ya que esto puede influir en su grado de agresividad. Los cordomas desdiferenciados y poco diferenciados suelen ser más agresivos que los convencionales, también denominados cordomas clásicos o cordomas condroides. Y los cordomas condroides suelen ser más agresivos que los cordomas convencionales.

Es posible que oiga hablar del «cordoma en fase terminal». Este término se refiere a un cordoma que no se puede curar ni controlar con tratamiento. El tratamiento del cáncer en fase terminal se centra en controlar el dolor y otros síntomas para mejorar el bienestar del paciente.

Pronóstico del cordoma

El pronóstico del cáncer indica la probabilidad de que la enfermedad se pueda curar. Tu equipo médico puede hacerse una idea general de tu pronóstico a partir de la estadificación. Sin embargo, el estadio no determina tu futuro. Tu pronóstico personal puede depender de:

  • Resultados de la biopsia.
  • Qué parte del tumor se puede extirpar durante la intervención quirúrgica.
  • El estadio y el grado del cáncer.

Habla con tu equipo médico sobre tu pronóstico si quieres saber qué puedes esperar. Los miembros de tu equipo médico pueden explicarte qué factores tienen en cuenta a la hora de evaluar tu pronóstico.

Tasas de supervivencia

Las tasas de supervivencia al cáncer o las estadísticas de supervivencia indican el porcentaje de personas que sobreviven a un tipo concreto de cáncer durante un periodo de tiempo específico, como 5 o 10 años. Estas cifras pueden ayudarte a ti y a tu equipo sanitario a comprender las posibilidades de que tu cáncer se cure —lo que se conoce como pronóstico— y a decidir un plan de tratamiento.

Las tasas de supervivencia al cáncer suelen basarse en datos recopilados de un gran número de personas con un tipo específico de cáncer. Dado que son muy pocas las personas que padecen cordoma, es posible que las tasas de supervivencia no sean muy precisas.

Ten en cuenta también que la recopilación de las estadísticas de supervivencia lleva entre 5 y 10 años. Las tasas de supervivencia más recientes incluyen a personas que recibieron tratamiento para el cordoma hace más de cinco o diez años. Esas personas no tuvieron acceso a los tratamientos más recientes.

Teniendo esto en cuenta, las estadísticas indican que la supervivencia media en el caso del cordoma es de unos 10 años tras el diagnóstico. Esto significa que aproximadamente la mitad de las personas diagnosticadas con cordoma han vivido menos de 10 años y la otra mitad, más de 10 años.

Gracias a las técnicas quirúrgicas modernas y agresivas y a los nuevos enfoques terapéuticos, es posible que las tasas de supervivencia al cordoma estén aumentando. Su profesional sanitario podrá proporcionarle estadísticas de supervivencia más concretas en función del estadio de su cáncer y de otros factores personales.

Factores que influyen en las tasas de supervivencia

La mayoría de los factores que influyen en las tasas de supervivencia del cordoma escapan a tu control. Algunos ejemplos son:

  • Qué parte del tumor se puede extirpar. Este es el principal factor predictivo de los resultados en el caso del cordoma. Si el tumor se puede extirpar por completo de una sola pieza, incluyendo parte del tejido sano circundante, las posibilidades de curación son mayores.
  • El tipo de tumor. Los cordomas convencionales y condroides tienen un mejor pronóstico que los cordomas poco diferenciados y diferenciados.
  • Si el cáncer ha reaparecido o se ha extendido. Si el cordoma reaparece tras el tratamiento inicial o da metástasis, el pronóstico es peor.

Una vez que te hayas recuperado del tratamiento, intenta adoptar hábitos de vida saludables que contribuyan a tu bienestar general. Si es posible, intenta hacer ejercicio, seguir una dieta equilibrada, mantener un peso saludable, dormir bien, reducir el estrés, dejar de fumar y limitar el consumo de alcohol. Todo ello puede ayudarte a mejorar tu calidad de vida.

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